Cuando hablamos de biodiversidad y turismo, es común pensar primero en bosques, arrecifes, especies, paisajes o áreas naturales protegidas. Pero para una empresa turística, la biodiversidad puede significar mucho más que el escenario donde ocurre una experiencia.
Puede ser parte de su propuesta de valor, una fuente de diferenciación, un elemento para innovar productos, una oportunidad para reducir riesgos y, cada vez más, un componente de competitividad.
Esto es especialmente relevante en un contexto en el que la relación entre naturaleza y economía está adquiriendo mayor importancia. Más de la mitad del PIB mundial depende moderada o altamente de la naturaleza, según el World Economic Forum, mientras que la pérdida de biodiversidad y el deterioro de los ecosistemas generan riesgos crecientes para empresas y economías.
Para el turismo, la relación es todavía más directa: sin agua, paisajes, ecosistemas funcionales, especies, alimentos y territorios habitables, muchas de las experiencias que motivan un viaje simplemente dejan de existir.
La pregunta, entonces, no es solamente cómo evitar que el turismo dañe la biodiversidad.
La pregunta también es: ¿cómo puede una empresa turística reconocerla, cuidarla y convertir esa relación en valor?
La biodiversidad no es solamente el paisaje
Una empresa de turismo de naturaleza puede vender una caminata por un bosque, una experiencia de avistamiento de aves o una visita a un arrecife. Sin embargo, lo que realmente hace posible esa experiencia es mucho más amplio.
Es el ecosistema que sostiene a las especies. Es el agua. Es el suelo. Es el paisaje. Son los ciclos naturales. Son los conocimientos locales asociados al territorio.
Por eso, la biodiversidad puede entenderse como parte de la infraestructura natural sobre la que se construye el turismo.
El Manual de Implementación de Criterios de Biodiversidad en Actividades Turísticas desarrollado para el corredor Chacahua-Huatulco parte precisamente de esta relación: la biodiversidad es un capital fundamental para las empresas y los destinos, y su conservación puede generar beneficios ambientales, culturales, sociales, financieros y productivos.
Cuando ese capital se deteriora, la empresa también enfrenta consecuencias: pérdida de atractivos, menor calidad de las experiencias, mayores costos, restricciones operativas y riesgos para su permanencia.
¿Qué tiene que ver la biodiversidad con una empresa turística?
Mucho más de lo que parece.
Una empresa puede depender directamente de un ecosistema para operar o puede depender de él indirectamente a través de sus proveedores, su comunidad o sus clientes.
Pensemos en un hotel: necesita agua, alimentos, energía y un entorno atractivo. Un operador de naturaleza necesita ecosistemas saludables y especies que puedan observarse. Una empresa comunitaria depende de que su territorio conserve aquello que le da identidad y sentido a la experiencia.
Por eso, hablar de biodiversidad en empresas turísticas implica reconocer tres preguntas:
¿De qué depende mi empresa de la naturaleza?
¿Qué impactos genera mi operación sobre ella?
¿Qué oportunidades existen para generar valor mientras contribuyo a conservarla?
Esta manera de mirar la relación coincide con el rumbo que está tomando la agenda internacional de biodiversidad. El Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal establece, entre otras cosas, que las empresas deben avanzar en la identificación de sus dependencias, impactos y riesgos relacionados con la biodiversidad.
Para las empresas turísticas, esto abre una conversación que va mucho más allá del cumplimiento ambiental.
De recurso natural a propuesta de valor
La biodiversidad también puede convertirse en una fuente de diferenciación.
Una especie emblemática, un ecosistema particular, una temporada de floración, un bosque bien conservado, un sistema de producción local o una relación cultural con la naturaleza pueden convertirse en elementos que hagan única una experiencia.
Pero existe una diferencia importante entre tener biodiversidad y saber integrarla a una propuesta turística.
El proceso podría resumirse así:
NATURALEZA → EXPERIENCIA → VALOR → DIFERENCIACIÓN
Primero identificamos aquello que hace particular al territorio. Después diseñamos una experiencia alrededor de ello. Luego encontramos el valor que esa experiencia genera para el visitante, la empresa y el territorio. Finalmente, esa combinación puede convertirse en una ventaja competitiva.
El documento de criterios de biodiversidad de Oaxaca plantea justamente la integración de la biodiversidad en el diseño de experiencias y reconoce que las acciones de conservación pueden incorporarse incluso en la estructura de costos y en la generación de ingresos.
La biodiversidad deja entonces de ser un elemento que simplemente “se protege” y comienza a formar parte de la arquitectura del producto turístico.
Diseñar experiencias alrededor del territorio
Las experiencias basadas en naturaleza no consisten únicamente en llevar personas a un lugar bonito.
Requieren comprender qué hace especial a ese territorio y diseñar una relación adecuada entre visitante, empresa, comunidad y ecosistema.
Esto puede significar interpretar el ciclo del agua durante una caminata, conocer las especies que habitan un bosque, participar en una actividad vinculada con conocimientos locales o entender por qué determinadas prácticas permiten conservar un ecosistema.
En este sentido, la biodiversidad puede aportar profundidad y significado a la experiencia.
Y esto también puede abrir nuevas oportunidades de mercado.
Un ejemplo es lo que ocurre en destinos como Bonito, Brasil, donde la gestión de la visita, la organización de las experiencias y el control del flujo turístico se han convertido en parte de la propuesta del destino. En 2025, Bonito registró más de 293 mil visitantes y cerca de 881 mil visitas a atractivos turísticos, mientras mantiene mecanismos para gestionar la capacidad de sus sitios naturales.
La lección no es copiar un modelo.
Es entender que la conservación y la gestión pueden formar parte del producto turístico y de su competitividad.
Conocer antes de interpretar
No se puede comunicar aquello que no se comprende.
Antes de convertir una especie, ecosistema o paisaje en parte de una experiencia turística, una empresa necesita conocer su importancia, sus condiciones, sus amenazas y las reglas que permiten su aprovechamiento responsable.
Esto implica acercarse a información científica, ordenamientos territoriales, áreas naturales protegidas, especialistas, comunidades y organizaciones que conocen el territorio.
Los criterios de biodiversidad desarrollados para Oaxaca utilizan precisamente esta lógica: combinar información técnica con herramientas prácticas para que los operadores puedan identificar qué criterios ya implementan, cuáles necesitan incorporar y con quién pueden apoyarse para hacerlo.
Para una empresa, esto también significa reducir el riesgo de comunicar biodiversidad de manera superficial o caer en prácticas de greenwashing.
Primero comprender. Después diseñar. Luego comunicar.
Generar valor sin agotar el recurso
Aquí aparece una de las tensiones centrales del turismo de naturaleza.
Si la biodiversidad genera valor turístico, existe el riesgo de aumentar la presión sobre aquello mismo que hace atractiva una experiencia.
Por eso, incorporar biodiversidad al negocio no significa simplemente atraer más visitantes hacia un ecosistema.
Significa gestionar.
Gestionar flujos, capacidades, temporadas, infraestructura, agua y residuos, comportamientos e información.
Los criterios desarrollados para el corredor Chacahua-Huatulco incluyen justamente buenas prácticas relacionadas con infraestructura, agua, residuos, energía y huella de carbono, reconociendo que la operación cotidiana de una empresa también determina su relación con la biodiversidad.
La conservación, por tanto, no debería quedar aislada en un área de la empresa.
Debe reflejarse en cómo se toman decisiones.
Biodiversidad, diferenciación y competitividad
Desde la perspectiva de Market Ready Tourism, este punto es fundamental.
La biodiversidad no tiene por qué convertirse en una quinta dimensión independiente.
Puede atravesar las cuatro dimensiones que determinan la preparación de una empresa turística:
Empresarial: ¿la organización entiende de qué depende su negocio de la naturaleza?
Comercial: ¿puede convertir esos atributos del territorio en una propuesta de valor relevante para el mercado?
Operativa: ¿cuenta con procesos para reducir impactos y gestionar adecuadamente la relación con los ecosistemas?
Sustentabilidad: ¿existen acciones concretas para conservar, restaurar o mejorar las condiciones del territorio?
Cuando estas dimensiones se conectan, la biodiversidad puede pasar de ser un discurso a convertirse en una capacidad empresarial.
Y eso es competitividad.
No se trata de competir por quién utiliza más veces la palabra “sostenible”, sino de construir productos, operaciones y modelos de negocio capaces de mantenerse en el tiempo porque también mantienen las condiciones que hacen posible el turismo.
¿Cómo integrar criterios de biodiversidad en una empresa turística?
El primer paso no necesariamente es desarrollar un gran proyecto de conservación.
Puede comenzar con preguntas sencillas:
- Identifica tus dependencias. ¿Qué elementos de la naturaleza necesita tu empresa para operar?
- Reconoce tus impactos. ¿Qué ocurre con el agua, suelo, energía, residuos, especies y ecosistemas como consecuencia de tu actividad?
- Conoce tu territorio. Identifica ecosistemas, especies prioritarias, áreas de conservación, normativas y actores relevantes.
- Revisa tu operación. Incorpora criterios de biodiversidad en infraestructura, actividades, compras, manejo de recursos y relación con visitantes.
- Diseña experiencias con propósito. Encuentra qué elementos del patrimonio natural y biocultural pueden enriquecer la experiencia sin convertirlos en un recurso de consumo.
- Haz visible el valor. Comunica al visitante por qué ese territorio es importante y qué puede hacer para contribuir a su cuidado.
- Integra la conservación al modelo económico. Identifica costos, inversiones y mecanismos para que parte del valor generado por el turismo pueda regresar al territorio.
- Mide y mejora. Define indicadores que permitan saber si las acciones realmente están reduciendo impactos o generando beneficios.
El objetivo no es implementar una lista idéntica para todas las empresas. Los criterios deben responder al territorio, al tipo de actividad, al ecosistema y a la capacidad de cada organización.
Conclusión
La conversación sobre biodiversidad y turismo está cambiando.
Ya no basta con preguntarnos cómo hacer turismo con menor impacto. Necesitamos entender cómo las empresas turísticas dependen de la naturaleza, cómo pueden gestionar esos riesgos y cómo pueden convertir esa relación en nuevas oportunidades de valor.
La biodiversidad puede ayudar a diferenciar una experiencia, fortalecer una marca, abrir mercados, reducir riesgos operativos y construir modelos turísticos más resilientes.
Pero para que eso suceda, debe dejar de ser solamente parte del paisaje.
Debe entrar en las decisiones de la empresa.
En Market Ready Tourism, estar preparado para el mercado también significa estar preparado para el territorio: comprender aquello que sostiene la experiencia turística, convertirlo en valor para el visitante y construir capacidades para que ese valor pueda mantenerse en el tiempo.
Porque una empresa turística competitiva no solo necesita saber qué vende.
Necesita entender qué hace posible que pueda seguir vendiéndolo.
